Reflexiones de Autobús

Cosas de la vida

Cotidianidad desde el punto de vista del autor

C'est la vie, c'est l'amour... Ou l'amour c'est la vie?

Escrito por reflexionesdeautobus 05-02-2018 en Amor. Comentarios (0)

Un día el motorista del bus en el que viajaba iba escuchando la prédica de un pastor, como siempre hago, comencé a divagar para no escucharlo; pero el pastor dijo una frase que no pude evitar escuchar: “El Amor es una Decisión”… No sé si comprendí realmente el mensaje que esta persona quería enviar (por lo que medio se coló después en mis oídos era un poco distante a lo que yo interpreté), pero cuando oí esto, comencé a cuestionar y darle vueltas porque, esas palabras le darían vuelta a mi mundo. En mi infancia solía compararme mucho con todos y verme de menos, y mi hermano solía decir “si no te amas, no podrás amar a nadie”, entonces dije “perfecto, no amaré jamás a nadie”. Más tarde, en la adolescencia, comencé a creer en las almas gemelas, algo mágico debía existir, alguien aparecería y un aura brillante de misticismo haría nacer el amor verdadero, eterno, candente, bla, bla, bla, etc., todo eso de lo que hablan muchos poemas, canciones y libros cursis. Y, no. No fue así. Estas dos posturas comenzaron a tambalear cuando escuché “el amor es una decisión”. ¿Quería decir entonces que, yo podía tomar la decisión de amarme?... ¿podía tomar la decisión de amar a alguien a pesar de sus defectos?... Así, ¿sin magia ni ángeles tirando flechas por doquier u otra revelación astral?... Me ayudó a digerir un poco este “golpe de realidad”, un poema de Beattie Melody titulado ¿quién es el propietario? (de su libro “El Lenguaje del Adiós”); ella escribe para personas codependientes (personas que se aferran - e incluso incitan - a conductas dañinas de otros para llenar un vacío afectivo), sin embargo, tiene mucha razón, literalmente dice en un fragmento:

“…Si algunas personas no se gustan a sí mismas, ésa es su elección. Las elecciones de los demás son de su propiedad, no de la nuestra. Lo que la gente opta por decir y hacer es asunto suyo.

¿Qué es propiedad nuestra?

Nuestra propiedad incluye nuestras conductas, problemas, sentimientos, felicidad, desdicha, alternativas y mensajes; nuestra capacidad para amar, para ser solícitos y cariñosos; nuestros pensamientos, nuestra negación, nuestras esperanzas y nuestros sueños…”

Si es de mi propiedad, mí capacidad de amar, significa entonces, que puedo usarla o no ¿no es así? Entonces, se vuelve una decisión. Al final me hizo mucho sentido. Toda la vida muchas personas pasamos pensando “nunca encontraré a alguien que me quiera”, o “esa persona no me quiere, sí así fuera hiciera esto y lo otro (o lo demostraría así y asá)” o “es que tuve mala suerte en el amor”… Y sí, lo sé (¡Vaya que lo sé!) cuesta darnos cuenta que si no nos sentimos bien con nosotros mismos (o con otro u otra) es porque aún no hemos tomado la decisión de hacerlo; que si estamos al lado de alguien no es porque la “magia” así lo quiso o “porque así me toca”, sino que, estamos como estamos (y con quién estamos) porque así lo decidimos (consciente o inconsciente). Todo el tiempo socialmente se habla de cosas como “hay que ser puntual”, “debemos pagar impuestos”, “las tareas se presentan al día”, “hay que rendir en el trabajo para ganar el dinero”, etc.… todo eso es responsabilidad, pero, ¿y nuestra responsabilidad emocional?, ¿cuándo nos damos cuenta de que realmente tenemos el poder de amarnos a nosotros mismos?; eso es un efecto en cadena, si comienzo amándome, porque decido hacerlo, tendré claro que estar con una pareja también requiere de mi decisión (soportarla o no – y sí se dice mil veces más fácil de lo que se puede hacer, pero si no lo interiorizamos, nos quedamos estancados), de trabajar en una relación; y no solo de pareja, sino también con las amistades ¡e incluso la familia!. Una docente nos dijo una vez (parafraseando): “nosotros le damos una varita a los demás con la que pueden controlar nuestros sentimientos, si nosotros retiramos esa varita, los otros no tendrán control sobre nosotros”. De nuevo, una decisión. Al final, para no seguir redundando en lo mismo, la idea de todo esto es que, “el amor no está en el aire”, en mi opinión, el amor está en ti, en tu corazón, en tu mente, y la mente no nos controla (o al menos no debería), tenemos el poder de manejarla a nuestra voluntad, pero eso amerita otra reflexión, ya hablaré de esto luego.

Reflexiones de Autobús

Escrito por reflexionesdeautobus 27-01-2018 en Presentación. Comentarios (0)

El principio fundamental con el que he querido trabajar en mi vida es “trata a los demás cómo quisieras que tratasen a ti”, y agrego: “haz por los demás lo que quisieras que hicieran por ti, pero no esperes que lo hagan porque…”, bueno, creo que todos sabemos por qué no hay que esperar mucho de las demás personas. El caso es que la forma en que he percibido esta frase me ha hecho tener un profundo respeto por el espacio personal (especialmente por el mío propio), y aunado a mi timidez, procuro todo el tiempo guardar la compostura y no decir más de lo necesario (nah, siempre se me escapa una que otra sandez – pero de verdad que me esfuerzo – u.u.); respeto la intimidad de los pensamientos y por eso no me gusta obligar a los que me rodean a escuchar los míos cada vez que abro la boca (que me cuesta, insisto, ¡qué me cuesta!). Un día me percaté que siempre hay un diálogo en mi mente, ¡SIEMPRE!, en estado de sueño, de vigilia, en zombi… Como a la mayoría de personas (al menos eso quiero pensar), mi mente divaga, maquina, cuestiona, critica, se ríe, lamenta… especialmente en las ocasiones en que no estoy realizando una tarea muy productiva que digamos, en específico. Sí, como cuando viajo en un autobús. No puedo hacer mucho más que permanecer en el asiento o de pie (no puedo leer porque me mareo, no escucho música por temor a que me quiten el móvil, no me gusta observar o escuchar a las demás personas porque… espacio personal, ya saben). Esta es una oportunidad donde mi cerebro aprovecha para dar rienda suelta a todas esas conversaciones internas con cada una de mis diversas personalidades, debatir, discutir, teorizar, filosofar, reflexionar (especialmente, ¡cómo no!)… Y he pensado muchas veces que, compartir eso con alguien, no estaría del todo mal. Así que, para todo aquel que disponga de tiempo de sobra y quiera echar un vistazo a un puñado de temas desarrollados sin propósito alguno, ¡aquí está este blog! ¿Qué esperar?, pues todo y nada, porque se trata de eso precisamente, de cuanta barrabasada se me cruce por la cabeza mientras, claro está, viaje en autobús.